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Un niño con dos caras
no sabe si viene,
no sabe si va,
a menos que pregunte a su mamá.
Para él, ir y venir
son una misma cosa:
se va mientras se llega
y viene mientra se va.
Un niño con dos caras
no es algo gracioso,
al contrario, es peligroso:
hoy dice "es así"
y mañana "es así" pero distinto.
Puede sonreír por delante
y hacer muecas por detrás,
callar con una boca
y hablar con la otra.
Y como tiene dos pares de ojos
mira de frente y baja la mirada
todo al mismo tiempo
y no nos enteramos. Autor: Armando José Sequera (Venezuela)Enviado Por: Agustina Nació en Caracas, en 1953. Escritor y comunicador social, tiene una reconocida obra de ficción, como lo muestran sus libros para adultos Me pareció que saltaba por el espacio como una hoja muerta; Cuatro extremos de una soga, El otro salchicha, Escena de un spaguetti western y Cuando se me pase la muerte. Son varios igualmente sus entretenidos libros de investigación y divulgación científica: Las ceremonias del poder; Alegato contra el automóvil; Vidas inverosímiles, El jardín de las anécdotas", Maravillas y curiosidades de la naturaleza, Cuentos de Humor, ingenio y sabiduría, Agenda del petróleo en Venezuela y Píldoras de dinosaurio" (Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil Rafael Rivero Oramas del Ministerio de Educación - 1997). Ha publicado un libro de autoayuda titulado Hallazgos, compuesto por más de dos centenares de aforismos propios. Para los jóvenes lectores ha publicado "Fábula de Cambio de Rey" (Premio único del Concurso de Literatura Infantil de la Gobernación del Distrito Federal -1989), Fábula de la Mazorca y Caída del cielo, este último la cuarta obra en torno a la familia del tío Ramón Enrique. La secuencia de esta serie es: Evitarle malos pasos a la gente, Espantarle las tristezas a la gente y Pequeña sirenita nocturna. Por Evitarle malos pasos a la gente recibió el Premio Casa de las Américas 1979, en la categoría Literatura para Niños y Jóvenes, y en el año de su publicación en Venezuela, 1993, fue seleccionado para la lista de honor IBBY. Con Pequeña sirenita nocturna ganó la Bienal Nacional de Literatura Infantil Canta Pirulero del Ateneo de Valencia, en 1996. Esta misma Bienal Canta Pirulero tomó dimensión latinoamericana en 1998, ocasión cuando volvió a ganarla, esta vez con el libro Teresa, publicado por Editorial Alfaguara. Otro libro suyo, contentivo de un cuento titulado La Calle del Espejo, será publicado próximamente por Alfaguara, integrado a una colección sobre los Derechos de los Niños, auspiciada por UNICEF
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Érase una viejecita
Sin nadita que comer
Sino carnes, frutas, dulces,
Tortas, huevos, pan y pez
Bebía caldo, chocolate,
Leche, vino, té y café,
Y la pobre no encontraba
Qué comer ni qué beber.
Y esta vieja no tenía
Ni un ranchito en que vivir
Fuera de una casa grande
Con su huerta y su jardín
Nadie, nadie la cuidaba
Sino Andrés y Juan Gil
Y ocho criados y dos pajes
De librea y corbatín
Nunca tuvo en qué sentarse
Sino sillas y sofás
Con banquitos y cojines
Y resorte al espaldar
Ni otra cama que una grande
Más dorada que un altar,
Con colchón de blanda pluma,
Mucha seda y mucho olán.
Y esta pobre viejecita
Cada año, hasta su fin,
Tuvo un año más de vieja
Y uno menos que vivir
Y al mirarse en el espejo
La espantaba siempre allí
Otra vieja de antiparras,
Papalina y peluquín.
Y esta pobre viejecita
No tenía que vestir
Sino trajes de mil cortes
Y de telas mil y mil.
Y a no ser por sus zapatos,
Chanclas, botas y escarpín,
Descalcita por el suelo
Anduviera la infeliz
Apetito nunca tuvo
Acabando de comer,
Ni gozó salud completa
Cuando no se hallaba bien
Se murió del mal de arrugas,
Ya encorvada como un tres,
Y jamás volvió a quejarse
Ni de hambre ni de sed.
Y esta pobre viejecita
Al morir no dejó más
Que onzas, joyas, tierras, casas,
Ocho gatos y un turpial
Duerma en paz, y Dios permita
Que logremos disfrutar
Las pobrezas de esa pobre
Y morir del mismo mal Autor: Rafael Pombo
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Mariposa, Vagarosa Rica en tinte y en donaire ¿qué haces tú de rosa en rosa? ¿de qué vives en el aire? Yo, de flores Y de olores, Y de espumas de la fuente, Y del sol resplandeciente Que me viste de colores ¿Me regalas tus dos alas? ¡son tan lindas! ¡te las pido! deja que orne mi vestido con la pompa de tus galas Tú, niñito tan bonito, tú que tienes tanto traje, ¿Por qué quieres un ropaje que me ha dado Dios bendito? ¿De qué alitas necesitas si no vuelas cual yo vuelo? ¿qué me resta bajo el cielo si mi todo me lo quitas? Días sin cuento De contento El Señor a ti me envía; Mas mi vida es un solo día, No me lo hagas de tormento ¿te divierte dar la muerte a una pobre mariposa? ¡ay¡ quizás sobre una rosa Me hallarás muy pronto inerte. Oyó el niño Con cariño Esta queja de amargura, Y una gota de miel pura Le ofreció con dulce guiño Ella, ansiosa, Vuela y posa En su palma sonrosada, Y allí mismo, ya saciada, Y de gozo temblorosa, Expiró la mariposa Autor: Rafael Pombo
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Michín dijo a su mamá: "Voy a volverme Pateta, y el que a impedirlo se meta en el acto morirá. Ya le he robado a papá daga y pistolas; ya estoy armado y listo; y me voy a robar y matar gente, y nunca más (¡ten presente!) verás a Michín desde hoy". Yéndose al monte, encontró a un gallo por el camino, y dijo: "A ver qué tal tino para matar tengo yo". Puesto en facha disparó, retumba el monte al estallo, Michín maltrátase un callo y se chamusca el bigote; pero tronchado el cogote, cayó de redondo el gallo. Luego a robar se encarama, tentado de la gazuza, al nido de una lechuza que en furia al verlo se inflama, mas se le rompe la rama, vuelan chambergo y puñal, y al son de silba infernal que taladra los oídos cae dando vueltas y aullidos el prófugo criminal. Repuesto de su caída ve otro gato, y da el asalto "¡Tocayito, haga usted alto! ¡Déme la bolsa o la vida!" El otro no se intimida y antes grita: "¡Alto el ladrón!" Tira el pillo, hace explosión el arma por la culata, y casi se desbarata Michín de la contusión. Topando armado otro día a un perro, gran bandolero, se le acercó el marrullero con cariño y cortesía: "Camarada, le decía, celebremos nuestra alianza"; y así fue: diéronse chanza, baile y brandy, hasta que al fin cayó rendido Michín y se rascaba la panza. "Compañero", dijo el perro, "debemos juntar caudales y asegurar los reales haciéndoles un entierro". Hubo al contar cierto yerro y grita y gresca se armó, hasta que el perro empuñó a dos manos el garrote: Zumba, cae, y el amigote medio muerto se tendió. Con la fresca matinal Michín recobró el sentido y se halló manco, impedido, tuerto, hambriento y sin un real. Y en tanto que su rival va ladrando a carcajadas, con orejas agachadas y con el rabo entre piernas, Michín llora en voces tiernas todas sus barrabasadas. Recoge su sombrerito, y bajo un sol que lo abrasa, paso a paso vuelve a casa con aire humilde y contrito. "Confieso mi gran delito y purgarlo es menester", dice a la madre; "has de ver que nunca más seré malo, ¡oh mamita! dame palo ¡pero dame qué comer!" Autor: Rafael Pombo
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