Soy amiga de los niños, porque esos ángeles ...bueno, te regalan su cariño con un amor verdadero.
En ellos no existen engaños, ni traición ni hipocresía. No saben lo que es el daño, ¡son gloria de la alegría!
Son los ángeles que habitan, este mundo de maldad, ángeles que necesitan, protección, amor y paz.
Busca el hombre en la altura divisar ángeles bellos, y los tiene en su cultura, y conviviendo entre ellos.
Son los hijos, los sobrinos, esos ángeles pequeños. Los primos y los vecinos, niños ángeles y dueños....
De este mundo que habitamos, ellos son nuestra esperanza. ¡Hombres de bien los hagamos! para que siembren bonanza.
Sobre este bello Planeta que convulsionado está. ¡Luchemos por esa meta, dando al niño amor y paz!
Aurora García
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Iba tocando mi flauta a lo largo de la orilla; y la orilla era un reguero de amarillas margaritas. El campo cristaleaba tras el temblor de la brisa; para escucharme mejor el agua se detenía. Notas van y notas vienen, la tarde fragante y lírica iba, a compás de mi música, dorando sus fantasías, y a mi alrededor volaba, en el agua y en la brisa, un enjambre doble de mariposas amarillas. La ladera era de miel, de oro encendido la viña, de oro vago el raso leve del jaral de flores níveas; allá donde el claro arroyo da en el río, se entreabría un ocaso de esplendores sobre el agua vespertina… Mi flauta con sol lloraba a lo largo de la orilla; atrás quedaba un reguero de amarillas margaritas…
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Un niño con dos caras
no sabe si viene,
no sabe si va,
a menos que pregunte a su mamá.
Para él, ir y venir
son una misma cosa:
se va mientras se llega
y viene mientra se va.
Un niño con dos caras
no es algo gracioso,
al contrario, es peligroso:
hoy dice "es así"
y mañana "es así" pero distinto.
Puede sonreír por delante
y hacer muecas por detrás,
callar con una boca
y hablar con la otra.
Y como tiene dos pares de ojos
mira de frente y baja la mirada
todo al mismo tiempo
y no nos enteramos. Autor: Armando José Sequera (Venezuela)Enviado Por: Agustina Nació en Caracas, en 1953. Escritor y comunicador social, tiene una reconocida obra de ficción, como lo muestran sus libros para adultos Me pareció que saltaba por el espacio como una hoja muerta; Cuatro extremos de una soga, El otro salchicha, Escena de un spaguetti western y Cuando se me pase la muerte. Son varios igualmente sus entretenidos libros de investigación y divulgación científica: Las ceremonias del poder; Alegato contra el automóvil; Vidas inverosímiles, El jardín de las anécdotas", Maravillas y curiosidades de la naturaleza, Cuentos de Humor, ingenio y sabiduría, Agenda del petróleo en Venezuela y Píldoras de dinosaurio" (Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil Rafael Rivero Oramas del Ministerio de Educación - 1997). Ha publicado un libro de autoayuda titulado Hallazgos, compuesto por más de dos centenares de aforismos propios. Para los jóvenes lectores ha publicado "Fábula de Cambio de Rey" (Premio único del Concurso de Literatura Infantil de la Gobernación del Distrito Federal -1989), Fábula de la Mazorca y Caída del cielo, este último la cuarta obra en torno a la familia del tío Ramón Enrique. La secuencia de esta serie es: Evitarle malos pasos a la gente, Espantarle las tristezas a la gente y Pequeña sirenita nocturna. Por Evitarle malos pasos a la gente recibió el Premio Casa de las Américas 1979, en la categoría Literatura para Niños y Jóvenes, y en el año de su publicación en Venezuela, 1993, fue seleccionado para la lista de honor IBBY. Con Pequeña sirenita nocturna ganó la Bienal Nacional de Literatura Infantil Canta Pirulero del Ateneo de Valencia, en 1996. Esta misma Bienal Canta Pirulero tomó dimensión latinoamericana en 1998, ocasión cuando volvió a ganarla, esta vez con el libro Teresa, publicado por Editorial Alfaguara. Otro libro suyo, contentivo de un cuento titulado La Calle del Espejo, será publicado próximamente por Alfaguara, integrado a una colección sobre los Derechos de los Niños, auspiciada por UNICEF
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Érase una viejecita
Sin nadita que comer
Sino carnes, frutas, dulces,
Tortas, huevos, pan y pez
Bebía caldo, chocolate,
Leche, vino, té y café,
Y la pobre no encontraba
Qué comer ni qué beber.
Y esta vieja no tenía
Ni un ranchito en que vivir
Fuera de una casa grande
Con su huerta y su jardín
Nadie, nadie la cuidaba
Sino Andrés y Juan Gil
Y ocho criados y dos pajes
De librea y corbatín
Nunca tuvo en qué sentarse
Sino sillas y sofás
Con banquitos y cojines
Y resorte al espaldar
Ni otra cama que una grande
Más dorada que un altar,
Con colchón de blanda pluma,
Mucha seda y mucho olán.
Y esta pobre viejecita
Cada año, hasta su fin,
Tuvo un año más de vieja
Y uno menos que vivir
Y al mirarse en el espejo
La espantaba siempre allí
Otra vieja de antiparras,
Papalina y peluquín.
Y esta pobre viejecita
No tenía que vestir
Sino trajes de mil cortes
Y de telas mil y mil.
Y a no ser por sus zapatos,
Chanclas, botas y escarpín,
Descalcita por el suelo
Anduviera la infeliz
Apetito nunca tuvo
Acabando de comer,
Ni gozó salud completa
Cuando no se hallaba bien
Se murió del mal de arrugas,
Ya encorvada como un tres,
Y jamás volvió a quejarse
Ni de hambre ni de sed.
Y esta pobre viejecita
Al morir no dejó más
Que onzas, joyas, tierras, casas,
Ocho gatos y un turpial
Duerma en paz, y Dios permita
Que logremos disfrutar
Las pobrezas de esa pobre
Y morir del mismo mal Autor: Rafael Pombo
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Mariposa, Vagarosa Rica en tinte y en donaire ¿qué haces tú de rosa en rosa? ¿de qué vives en el aire? Yo, de flores Y de olores, Y de espumas de la fuente, Y del sol resplandeciente Que me viste de colores ¿Me regalas tus dos alas? ¡son tan lindas! ¡te las pido! deja que orne mi vestido con la pompa de tus galas Tú, niñito tan bonito, tú que tienes tanto traje, ¿Por qué quieres un ropaje que me ha dado Dios bendito? ¿De qué alitas necesitas si no vuelas cual yo vuelo? ¿qué me resta bajo el cielo si mi todo me lo quitas? Días sin cuento De contento El Señor a ti me envía; Mas mi vida es un solo día, No me lo hagas de tormento ¿te divierte dar la muerte a una pobre mariposa? ¡ay¡ quizás sobre una rosa Me hallarás muy pronto inerte. Oyó el niño Con cariño Esta queja de amargura, Y una gota de miel pura Le ofreció con dulce guiño Ella, ansiosa, Vuela y posa En su palma sonrosada, Y allí mismo, ya saciada, Y de gozo temblorosa, Expiró la mariposa Autor: Rafael Pombo
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